Santo, criminal, duro, sin alma, sin fuerza, sin.
Maldito, iracundo, amante, no-amante, blanco, negro, asesino.
Abogado, ingeniero, siquiatra y cantante; músico, falso, cero opinión.
Sirviente indiscreto del arte del nada me toca, nada me sirve, nada se salva.
Cantando las penas, las penas, apenas.
Arrogante escritor de falsos poemas, falsas palabras, falsos poetas asumanse sí, desde la cima del mundo, paseando soberbia, rabias y quejas. O amores ficticios, o sentimientos baratos, comprados y tomados a prestamo de un libro usado.
Finalmente, fiel servidor de las causas ajenas, de las causas y escenas, de llantos, algarabía de pensamientos sin tema y coherencia.
Salto de un pie, de un lado a otro, esquivando el aire esquivo, balanceando mis huesos escondidos de un saco de grasa, y finalmente me paro a mirar al cuaderno.
Santo, criminal, duro, sin alma, sin fuerza sin.
Paso a otro pie.
Maldito, iracundo, amante, no-amante, blanco, negro, asesino.
Ahora me dejo caer y siento el desprecio. Me levanto y vuelvo a caer.
Abogado, ingeniero, siquiatra y cantante; músico, falso, cero. El punto cero.
En el punto cero de mi vida, mis asuntos, mis dramas, se entrecruzan con los caminantes, arrogantes, escritores de nada, poetas malditos, espejos, espejos, espejos.
Finalmente mis pies, mi cuerpo lacio y débil, mi aquí y ahora, se desploman insolentes, fijando una meta, buscando más datos. Y me paso buscando, hasta que me muera. Finalmente me muero.
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